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* Montaña Roja,... trampolín del diablo




Cada volcán levanta su figura,
cual si de pronto, ante la faz del cielo,
suspendiesen el ángulo de un vuelo
dos dedos invisibles de la altura.

La cresta es blanca y como blanca pura:
la entraña hierve en inflamado anhelo;
y sobre el horno aquel contrasta el hielo,
cual sobre una pasi6n un alma dura.

Los volcanes son túmulos de piedra,
pero a sus pies los valles que florecen
fingen alfombras de irisada yedra;

y por eso, entre campos de colores,
al destacarse en el azul, parecen
cestas volcadas derramando flores.


@José Santos Chocano

No se puede pasar por Lanzarote sin ascender a alguno de los numerosos volcanes que se hallan diseminados por la isla.

Ni que decir tiene que en la zona del parque de Timanfaya apenas te dejan bajar de los autobuses, y cualquier pretensión de hacer senderismo libremente por el parque esta prohibida.

Por otro lado, la zona centro de la isla se halla en gran parte cubierta por enormes masas de lava solidificada, cuarteada en enormes bloques y simas, que son absolutamente impracticables para el senderismo.


La erupción volcánica que sacudió la zona centro de la isla sobre 1730, mas concretamente la correspondiente al municipio de Yaiza, cubrió grandes extensiones del que fue en su día un fértil valle, y donde hoy apenas si se cultivan algunas viñas, rodeada cada cepa de un murete de piedra que la protejen de los vientos y ayudan a mantener la humedad que es absorbida por las cenizas volcánicas.

No obstante formaciones volcánicas anteriores a la última erupción pueden ser ascendidas sin dificultas en otras partes de la Isla.

Concretamente en el extremo oriental de Playa Blanca nos encontramos un volcancito, de unos 200 m. de altura, y que posee un enorme crater de unos 50 metros de profundidad y unos 350 m. de diámetro. Es una enorme caldera de tonos rojizos, debido al proceso oxidativo de los fragmentos rocosos a lo largo de los siglos, y que puede ser ascendido sin dificultad por cualquiera de sus laderas. A ese volcán le llaman “la montaña roja”.

Desde Playa Dorada en dirección oeste hacia el Puerto de Playa Blanca se continua por agradables paseos costeros hacia Punta Limones y Punta Pechiguera. A la altura de la urbanización Campana Beach en dirección a la montaña Roja se inicia la ascensión por una de sus laderas menos pronunciadas claramente visible

Las rocas basálticas se hallan cubiertas por la ceniza volcánica que puede provocar algún resbalón. Sin problemas llegamos al punto collado y de este a nuestra izquierda como en unos 10 minutos coronamos Montaña Roja en su vértice geodésico.

La gran caldera del volcán se extiende a nuestros pies; en dirección sur tenemos el faro de Punta Pechiquera que apunta hacia la vecina isla de Fuerteventura. Las laderas del volcán soportan una fuerte presión urbanística, que ha deteriorado su entorno.











Con un nombre que evoca los mitos artúricos, un pasado que la sitúa en las rutas de fenicios, romanos y tal vez también de los templarios y un telurismo que se deja sentir en cada rincón, no resulta extraño que la geografía lanzaroteña esté marcada por el misterio. OVNIs, casas encantadas y enigmáticos vestigios arqueológicos jalonan las rutas insólitas de la isla de los volcanes.

Cualquier descripción que podamos hacer de la isla de Lanzarote y de su particular «espíritu del lugar» se quedaría sin duda corta. Es un enclave que hay que sentir para poder siquiera intuir su auténtica dimensión. El visitante descubrirá pronto que el elemento dominante es el fuego, expresado en su seductor telurismo, en el paisaje volcánico bajo cuyas oscuras lavas late el corazón de la tierra. La «Isla de los Volcanes» ofrece un juego de contrastes que han servido para que la isla sea, desde 1993, Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco.

Lanzarote nos ofrece maravillas como el Parque Nacional de Timanfaya. Bajo su sinuoso paisaje de lavas oscuras es posible percibir una fuerza telúrica única, erigiéndose en un lugar ideal para conectar con la Madre Tierra y sus energías. La mano de César Manrique se deja sentir por numerosos rincones de la isla, aunque cobra una dimensión casi mística en los Jameos del Agua, punto de visita obligada para todo turista, y enclavado en el municipio de Haría, al norte de la isla. Más allá de su proyección turística, los Jameos son un rincón para la meditación y la relajación, emergiendo como un oasis en el tubo volcánico subterráneo de unos 4.000 años de antigüedad y seis kilómetros de longitud del que forma parte junto a la conocida como Cueva de los Verdes.

Jameo es un término de supuesta procedencia aborigen que describe la formación natural resultante del desplome de parte del techo de una cueva volcánica, que en otras regiones se conoce como torca. La naturaleza quiso también que el agua del mar llegara formando varios lagos cuyo nivel sube y baja dependiendo de las mareas, configurando un entorno realmente mágico, un mundo aparte que inteligentemente es potenciado con la ayuda de la apropiada música con la que suele ser recibido el visitante.

Las costas de Lanzarote comparten con las de Fuerteventura, La Graciosa y los islotes y peñascos cercanos pertenecientes al denominado Archipiélago Chinijo, la sugerente posibilidad de acoger restos submarinos de supuestas estructuras artificiales. Éstas habrían sido edificadas –según las propuestas más atrevidas– hace miles de años e irremediablemente vinculadas a la hipotética Atlántida. La zona de la Punta de La Pechiguera, separada de Fuerteventura por un brazo de mar y en cuyas inmediaciones se alza la emblemática Montaña Roja, es la más interesante en este sentido.

En 1981 un equipo de la televisión pública italiana RAI filmó los fondos marinos de esta zona y con ellos las formaciones de apariencia artificial que se ocultan bajo su superficie, tras serle comunicada su existencia por parte de submarinistas de la revista Mondo Sommerso. Las imágenes, que mostraban plataformas aterrazadas, escalones, pequeños muros y pasillos que aparentaban estar pavimentados, eran tan espectaculares que en su momento despertaron la suficiente expectación como para que se organizara una expedición española a la zona. Sin demasiadas pistas, finalmente el equipo de geólogos, biólogos marinos y periodistas localizó el lugar exacto tomando sus propias filmaciones, que pasarían a emitirse en TVE de la mano del documentalista Luis Pancorbo.

Gracias al biólogo y especialista en fotografía submarina Prudencio Naranjo, integrante del equipo español, pudimos acceder a tales documentos y constatar –como suele ser la norma en estos casos– que el dictamen oficial sobre la naturaleza de aquellas supuestas estructuras era que se trataba de formaciones naturales. Una respuesta lógica y al mismo tiempo automática que se aplica a muchas de estas formaciones submarinas, pero que en este caso pasa por alto un detalle crucial: que la ubicación de esas formaciones coincide con una zona que hace unos ocho mil años se encontraba sobre la superficie. De acuerdo con los estudios geológicos de las costas canarias y sus fondos marinos, expertos como el paleontólogo Francisco García Talavera han demostrado que, antes del último deshielo, las islas de Lanzarote y Fuerteventura, junto a los islotes ubicados en sus proximidades, formaban un único territorio de 200 Kms de longitud, una masa de tierra uniforme que además extendía sus costas decenas e incluso centenares de metros en algunos puntos más allá de donde hoy se ubican. Las cercanas costas africanas y las peninsulares también eran sensiblemente diferentes a las actuales; de hecho, frente a los 95 Kms actuales en la última glaciación eran apenas 60 los kilómetros que separaban la costa canaria de la del continente africano.

En el terreno de las especulaciones, es plausible pensar en alguna cultura asentada en ese territorio insular, que se habría visto obligada a emigrar ante la subida del nivel de las aguas, lo que casaría en parte con la idea que tenemos de la Atlántida. Sin embargo, los prehistoriadores canarios, que no quieren oír hablar de continentes sumergidos y culturas ancestrales, difícilmente retrotraen el poblamiento de las Islas Canarias más allá de los 2.500 años, lo que hace muy difícil conciliar las propuestas, aunque no quiera decir en absoluto que el asunto pueda darse por zanjado. Las estructuras de La Pechiguera constituyen a nuestro juicio un capítulo no resuelto por el momento, en especial teniendo en cuenta otros indicios de similar factura que se encuentran en diferentes puntos de las islas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me identifico con lo que usted escribe lo he sentido por que vivi muchos años en LANZAROTE y es el mejor punto del mundo donde me he sentido. Su energia no es natural es de otro mundo.

Anónimo dijo...

Hace dos meses que vine por trabajo a playa blanca.es muy bonito .pero descuidado en su periferia .mas exactamente cerca del volcan montaña roja y realmente no siento nada especial.aprecio con emocion el exotismo de lanzarote pero espero no vivir mas de seis meses aqui.terminaria muriendo lentamente.cada uno tiene sus porques.y cada lugar sus pro y sus contras.

Jesús Serrano Lebeña dijo...

Por cuestiones laborales, viví dos años en Lanzarote. Continuo visitando la isla con asiduidad. He descubierto su blog que me ha enganchado totalmente. La isla es totalmente merecedora de trabajos impresionantes como el suyo.

Mientras estuve en la isla, vivia en un complejo a los pies de ese volcán, Montaña Roja. Casi cada dia, bien de mañana y para hacer ejercicio, subia a lo más alto del volcán, desde allí, descendia hasta el centro del crater, me sentaba en el suelo, hundia mis manos en el picón y esperaba a ver aparecer el sol por el borde del crater. Puedo asegurarles que la experiencia era única. Notaba como mi cuerpo se cargaba de una energia positiva muy difícil de explicar. Tal vez el volcán, o el Sol, o ese misterioso fondo marino...

Miguel Ángel G. Yanes dijo...

Buscando una fotografía de La Montaña Roja lanzaroteña para ilustrar una entrada antigua de mi blog y deshacer un equívoco, he accedido al suyo, por una de esas "causalidades" del destino.
Dé por hecho que aquí tiene, a partir de ahora, un visitante asiduo.
Un abrazo.