publicidad

* Charcos de Famara,... cuna de algas y sal



Libertad y mar

Que libre campo es el mar.
nadie lo asurca ni siembra,
ni tiene majanos blancos,
ni tiene lindes ni cercas.

Fruto es el peje en la barca,
si el campesino lo pesca;
hay que adentrarse sin miedo,
hay que meterse en la brega,
hay que bogar duramente
contra el viento y la marea,
bajo el sol que no perdona,
bajo la noche sin tregua.

@Fernando García-Ramos



Un gran número de playas y pequeñas calas de arena clara y oscura constituyen rincones excelentes en los que nadar, relajarse y soñar al son de las olas.

Las playas del oeste de Lanzarote, como la Playa de Famara, o la Playa de Janubio, son la primera opción para los amantes del 'body boarding' y para los surfistas experimentados.

Pero justo estos dos enclaves destacan también por sus "salinas" tanto en Janubio, como en Famara... En este último enclave en la misma línea de la playa de Famara bajo el risco que mira a La Graciosa, se encuentra la más antigua salina de las islas, hermana de estos Charcos de Famara. Son las llamadas Salinas del Rïo, cuna de algas y sal de esta tierra.

Las playas del sureste ofrecen la posibilidad de practicar una gran variedad de deportes acuáticos, como esquí acuático, submarinismo, patines a pedales, motos acuáticas, parapente a tracción y pesca recreativa, por mencionar sólo algunos.

A lo largo de todo el año las condiciones para la navegación son ideales, incluso para los navegantes de yates más atrevidos... pero lo que permanece desde el origen del tiempo como uno de los "deportes de esfuerzo y paciencia" más tradicionales es el recoger sal en esta isla. Esa sal con la que conserva su cara y pinta sus coloretes para saludar al viajero abrigándolo con ese manto salino. 

Esta playa de Famara, es un verdadero cuadro pintado a pincel, pero algo traicionera ¡y no exenta de riesgo! Señas de identidad de la Playa de Famara son los fuertes vientos que soplan constantemente, sobretodo del noroeste, bastante fríos en invierno, y su fantástico surf. Esta playa es El Dorado de Lanzarote para los deportistas experimentados en el agua, ya sea con velas, cometas o directamente a caballo de las olas. Cuando la marea baja, las aguas se retiran un buen trecho, dando lugar a pequeños charcos que son ideales para que los niños jueguen en ellos.

¡Nadar en las aguas abiertas de la bahía de Famara requiere una gran precaución! Especialmente cuando el agua se aleja de la playa, las fuertes corrientes subacuáticas hacen la natación muy peligrosa, por lo que nunca hay que adentrarse más allá de donde se pueda hacer pie, y siempre tener mucho cuidado con las olas.

En este entorno como hemos comentado se encuentra una de las salinas más antiguas de la isla, la llamada “salina del Río”, ya que está situada justo debajo del Risco, frente a la isla de la Graciosa y a esa playa preciosa, linda y lisa a la que se denomina Famara, acariciada de alisios que mueven a cometas y cuervos bailando sin cesar en mágicas ofrendas al díos Eolo, con el permiso del océano y de las entrañas de la tierra que se asoman a la superficie en estas islas volcánicas.

Los charcos en todo Lanzarote son “la sal de esta tierra”… donde se le saca provecho de todo… y para dejar constancia de esta afirmación, os publico un artículo sobre “Una recolectora de sal de charco en Lanzarote”:

Vicenta Bravo Marrero nació en Lanzarote en una pequeña aldea de nombre Las Breñas y cuando se casó se fue a vivir al cercano pueblo de Femés. "Yo me crié con mi abuela y mi madre. Mi abuelo embarcaba a la pesca a Cabo Blanco y estaba ocho meses allí", relata.

Su marido también fue marinero, pero de barcos de cabotaje, y cuando quedó viuda sacó adelante a sus hijos con un restaurante que lleva el nombre de su esposo (Emiliano), cocinando pescado y ofreciendo cabrito frito con sal de charco que coge del mismo modo que lo aprendió a hacer desde niña. "Ahora mismo el mar está tormento y luego cuando en el mes de mayo y junio, que la mar ya se va quedando , quedan los charquitos llenos de agua.

Y en esos charquitos llenos de agua va naciendo la sal, y nosostros más o menos estamos al tiempo, vamos, la raspamos y la cogemos muy limpita y muy buena", explica. Para ir a las salinas Bermejas, donde la recolecta, camina entre ocho y nueve kilómetros para coger un saquito. "Lo que pasa es que uno se crió con eso y a mí por lo menos me gusta hacerlo", reconoce.

Los charcos donde cogían la sal antes "los arreglábamos: los llenábamos con unas cacharritas y aquello quedaba lleno de agua, luego, cuando se cuajaba, la cogíamos, a lo mejor de ocho a ocho días cuando estaba el sol bueno y no hubiera mucho viento.

Comenzábamos a arreglar las salinitas en el mes de abril, mayo, junio, julio y agosto. En ese tiempo la cogíamos para venderla, porque cogíamos un par de fanegas de una vez y mi madre y mi abuela la vendían. A lo mejor iban a Mácher o a Tías y allí la gente les daba trigo, lentejas y cambiaban una cosa por la otra". (Teresa Correa, marzo 2005)



1 comentario:

SALACASA dijo...

He recogido Sal con mis manos, he andado los estrechos caminos entre balsares, fuí Salinero y es para mí un orgullo que la vida me diera la posibilidad de tener esas vivencias. Ver como se hacen cosas como las que aquí relatas, me dice que hay tradiciones que no se deben perder, me gustaría colaborar a que así fuera, aunque no se bien como, una vez mas felicidades